7:57
pienso en el tren que va a salir.
en el forro de sus asientos tejidos con otras historias y otros viajes.
en el olor de las aguas de un baño estrecho y herrumbroso.
pienso en las corrientes de vaho que transbordan entre los vagones
y en todas las bocas oscuras que roncan y aúllan y dicen en sueños
que todos los billetes de tren llevan tres nombres,
tan claros
tan certeros
tan contundentes
como una gota de lluvia.
7:59
pienso en los tres nombres.
en el primero:
esa maldita palabra del aquí
que crucifica y embalsama una ciudad que te desprende, callada, lenta,
abre sus brazos y te emancipa.
te regala a otra.
aun sabiendo de la posibilidad de que no regreses,
jamás,
a ella.
con el mismo bofetón que te escupe en el ombligo, vulnerable,
con el mismo beso que te esconde en un bolsillo, desnuda,
con el mismo silencio,
te suelta.
8:03
pienso en los tres nombres.
en el segundo:
esa vertiginosa palabra del allá,
pitonisa endiablada,
escribiente del destino a golpe de matasellos
que con la soez de sus dedos te arrastra a otra parte,
humedece tus pies, pellizca tus muslos,
y lame como madre leona a ti, cachorro,
para que muerdas sus grietas y vaciles en su orilla,
y te quedes en ese otro sitio
gélido y cálido,
árido y húmedo,
eternamente líquido.
nombrado con la vulgaridad de la tinta de impresora.
8:05
pienso en los tres nombres y me detengo.
leo el papel y no lo entiendo, no me encuentro.
este. ese. yo.
aquí. allí. mí.
hay un tercer nombre que me nombra,
que me ubica aquí,
que me exige allá,
que me proclama como viajante,
que me celebra como huyente,
que me yergue como ladrona de caminos,
                                                                    de minutos,
                                                                    de amantes,
                                                                    de nombres
                                                                                               de lugares.
le basta un nombre
para condensarme en un trapo de músculos, en un ensamblaje de huesos, en un batido de líquidos,
y esculpir una tras otra las letras de este nombre que te juro que no encuentro
pero que afirma que soy yo,
que anuncia mi presencia
y que me empuja sin precaución a tomar
8:08
un tren que ya se ha ido.