Leitaregas
2017–?




El proyecto se detiene en la ambivalencia entre el ruido y el silencio, trazando a partir de ahí dos mundos  aparentemente opuestos pero síncronos: por un lado, familia y soledad; por otro, memoria y olvido. No se trata de contraponerlos, sino de reunirlos en un mismo tiempo (o un mismo hogar).





Leitaregas nace –y crece– como un ensayo visual, a través de fotografías intervenidas y de bodegones construidos con vestigios físicos. Se plantea como una reflexión sobre los lazos y las tensiones personales y sus relaciones en el espacio y el tiempo. La premisa inicial es huir del maniqueísmo para trazar un relato humano y honesto, en el que el pro y el contra se pongan en duda continua.








LA FOTOGRAFÍA VELADA COMO ESPACIO PARA UNA PROPUESTA DE MEMORIA




El uso de la fotografía ahonda en su propia condición de testimonio (veraz o no) de un lapso de tiempo. Su resultado se altera y se utiliza para tergiversar la memoria, para reconstruirla o para tratar de mantenerla intacta.

A pesar de visualizar el proyecto final como instalación —habitando un espacio, en todos sus sentidos, inhabitable—, la imagen fotográfica se convierte en la protagonista del discurso por sus propias características (técnicas y conceptuales) tanto en el juego analógico como en el digital.