Ecos de tiempos

2016–2018

Ecos de tiempos aglutina una serie de imágenes, trazos, sonidos y sensaciones que se mueven y muestran en una continua dualidad: pasado y presente, historia y emoción, individuo y sociedad, viaje y permanencia. Con un protagonismo de la fotografía –pero acompañada de vídeo, dibujo y escritura– nos situamos ante los vestigios de una de las mayores tragedias de nuestra historia en un constante ir y venir entre la mirada documental y la evocación poética. El espacio se expone ante nosotros desnudo, mostrando la ruina humana en medio de un marco natural testigo del horror, apuntando las evidencias históricas y acercando un estado emocional, sensorial y atemporal, para hablar desde el pasado al presente olvidadizo, déspota y opresor en el que vivimos.




Una serie de fotografías de pequeño formato nos invitan (y, casi, nos obligan) a acercanos y verlas una a una y en conjunto, con encuadres intencionadamente desiguales a la hora de enmarcarlas y exponerlas, mostrando sin ambages el con icto entre lo visible y lo invisible (el fuera de campo) y la imposibilidad de contener la intensidad de un espacio desbordante de historia. Son rincones, más o menos reconocibles, de diferentes campos de concentración, un discurso metonímico que va acompañado de otras obras con trazos a lápiz o palabras escritas a máquina, distribuidas con el mismo formato y enmarcado que las fotografías, y que completan esa línea atemporal.

Este trabajo multidisciplinar de Sabela Eiriz nace a raíz de la colaboración con el pintor catalán Gregorio Iglesias Mayo. Las obras de ambos se unieron y expusieron juntas dentro del proyecto Sobre los mismos pasos en Espais Volart (Fundació Vila Casas, Barcelona) en los meses de junio y julio de 2018 y comisariada por Glòria Boch y Natàlia Chocarro. Ambos trabajos convergen en una invitación a la re exión a través del viaje, combinando el mundo de las emociones y las sensaciones con la mirada atenta y documental de algunos de los dramas humanos más trágicos de la historia contemporánea. Sin embargo, la intención fue huir del tiempo histórico para hablar de emociones universales, usando el arte como canal emotivo que nos evoque la inevitable soledad y, nalmente, el silencio.

Cuando Sabela fotografía los campos de concentración, en medio de los paisajes y las arquitecturas, hay una parte de vacío que nos impulsa a la soledad y el silencio. Sus cielos blancos; el hilado que cerca el campo, en primer plano, mientras deja entrever los segmentos y la profundidad de un horizonte que se desdibuja de nuevo hacia el blanco; la ventana que, invertida, crece hacia abajo; lo que hemos de rescatar como re ejo en un charco de agua; la puerta cerrada que deja abierta la esperanza a través de la luz que refleja una ventana.
(Glòria Boch Mir, comisaria)